domingo, 18 de octubre de 2009

El baile y el barro

Llegamos al taller cuando el sol se veía amarillo, tal como si un tarro de miel hubiera caído sobre él.

El olor a leña me recordó mi niñez, pasamos al taller y con timidez Don Esteban limpió en su pantalón el exceso de polvo de sus manos y nos saludó con reserva.

Le expliqué lo importante que era para mi saber cómo hacía su trabajo, cedió unos minutos después. Tomó el barro, le dio forma y ahí estaba una teja reluciente que le da a Huasca el melancólico rojo de sus techos.

Hoy aprendí que el barro fresco es un juguete, el moldeado un baile, el horneado y vidriado es el trabajo que lleva sustento a la mesa.

Don Sebastián: Pero no se olvide de que lo que le da alma a la teja es bailarle, nada de máquinas, solo un zapateado seguidito y con ritmo para darle forma.

A: No me olvido, se lo prometo.

En el camino de regreso, una pesada niebla había cubierto la montaña, venía pensando en lo hermoso y triste que me pareció el baile de la teja.

¿era justo lo que le pagaban en relación al trabajo que representa hacerlas?

Las curvas terminaron por arrullarme. Y cuando me desperté la teja aun estaba ahí...

5 comentarios:

Xavier dijo...

Da gusto conocer gente que ve así su trabajo. Es difícil "bailarle" a los estados de cuenta. Y tienes razón, el mundo sería diferente si la gente volviera a tenerle respeto al trabajo físico y artesanal. ¿En Hidalgo, verdad?

zocadiz dijo...

El trabajo del barro es impresionante.
Y los artesanos adquieren una sabiduría particular de la cual uno aprende mucho.
Son verdaderos artistas-poetas sin saberlo.

Anónimo dijo...

Es una lástima que los artesanos ganen tan poco, con tanto sudor.
Como siempre lindo relato.
Saludos.
Ale VG

Princesa Amanecer dijo...

Muy lindo relato, América...
Yo aquí nomás de curiosa, pero gustoza de encontrarte y, mucho más, de leerte.
Un abrazo

América Gutiérrez dijo...

Hola Xavier, Sería increíble poder bailarle a los estados de cuenta. Sigo siendo afortunada por tener el trabajo que tengo y si, fue en Hidalgo. Aun me falta mucho más que contar de aquellos rumbos.

Zocadiz, sabiduría y poesía, ni más ni menos.

Ale, definitivamente es un trabajo poco valorado, pero sé que este esfuerzo será recompensado tarde o temprano. Gracias por leer.

Princesa, que honor que lea a una plebeya y gracias por leer, prometo visitar su blog.