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martes, 8 de marzo de 2011

Soy mujer, me da gusto pero...

No hay nada más molesto que los lugares comunes o los clichés.

No soy feminista, me considero femenina, progresista sin rayar en lo radical e invariablemente hormonal.


No quise herir los sentimientos de quienes inocentemente me procuraron alguna felicitación, escribieron en el caralibro frases arjonescas o de plano se entregaron a la poesía cursi. Aunque no parezca tengo algo de tacto y decidí mejor no decir nada más que gracias.

Sin embargo en mi fuero interno, la incomodidad se sacudía y por eso estoy aquí. Hace unos años leí en algún periódico que está fecha ha sido fuertemente discutida por sus orígenes históricos; que la famosa huelga de 1857 donde 129 obreras fueron quemadas nunca existió y que es un imaginario colectivo que fue enriqueciéndose con los años y nuestra natural inclinación hacía las historias de mártires.

Me cuestiono los hechos y fechas de los orígenes del 8 de marzo, me resultan confusos, maquilados (por la publicidad y politización de la fecha) y olvidados. Se supone que el mito de la obreras quemadas se hizo popular en la década de los sesenta, cuando los Beatles hicieron su aparición, el Black Power ganó terreno y movimiento hippie hacia enojar a millones de padres conservadores en el mundo occidental. Pero lo más importante fue que las mujeres americanas y europeas tuvieron acceso a la píldora.

No intento abolir esta fecha simbólica (que no es la única que me molesta, hay una larga lista de día conmemorativos que aborrezco) Buscar respuestas sobre el 8 de Marzo no implica que yo ignore su significado histórico, el valor de la lucha por los derechos y la autonomía. Más bien buscaba encontrar algo de su sentido original.

PD. Sigue siendo el año del conejo…El burro de Fox diría: De la coneja también.

viernes, 16 de enero de 2009

Espaguetis rusos en París

No se conocían, llevaban un buen rato hablando en un idioma que no era el suyo. Aquella tarde era la última que pasaban en la ciudad. O tenía que tomar un tren a Madrid, B tenía un vuelo con destino a Bucarest.

Coincidieron en un famoso museo, justo a la hora del cierre. Identificaron su acento y conversaron en su lengua natal. O le pidió a B que le tomara un foto frente a una impresionante fachada. B le platicó a O que era la primera vez que estaba en aquella ciudad y que aunque había querido practicar su francés, la mayoría de veces le hablaban en español. O tuvo confianza y le pidió que pasearan juntas por la ciudad, las divisas se estaban agotando como para visitar algún otro lugar con acervos importantes. Decidieron caminar con rumbo a la Opera. Pasaron frente al Obelisco y se les antojó una crepa, no comieron…Quedaban pocos euros y aun era temprano.

De repente O cuestionó la seguridad de un cajero automático sin cabina, ubicado en una esquina sin protección alguna. B dijo que en Latinoamérica sería imposible sostener ese modelo de dispensador (en lugar de asaltarte dentro de un lugar, lo harían en plena calle, no habría mucha diferencia en lo que a atracos se refiere) Mientras discutían pros y contras, dos billetes de 20 euros cada uno asomaron por la rendija. B miró a O. No había nadie, tampoco expulsó tarjeta alguna, solo estaban los 40 euros listos para tomarse y cenar.

Caminaron rumbo al Barrio Latino. Entraron un lugarcito italiano de buenos precios y grandes porciones. Pidieron una pasta bolognesa para recuperar la energía perdida resultado de malas comidas en días previos. Pero no querían gastarlo todo y así que bebieron agua. Al fondo del restaurante, una gigantesca mujer solicitó a un mesero llevar una botella de vino de la casa hasta la mesa de O y B. Cuando voltearon para agradecer, la mujerona ya estaba en la mesa de al lado.

Mujer: Os escuché hablando español… Alguna vez tuve un novio español, hará años de eso.

O: ¿De donde eres?

Mujer: Rusa… Ciudadana del mundo… Que les he sorprendido ¡eh!

B: Gracias por el vino.

Mujer: Aquí no se bebe agua. Estáis en París reinas mías, tenéis que disfrutar.

O y B platicaron con el mujerón hasta la madrugada(sobra decir que el tono de su voz hacia dudar sobre su género, podría ser hombre, mujer o quimera) No importó su acento, su colorido aspecto o la ambigüedad de su sexo.

O se despidió de B, las dos pensaron que no volverían a verse.