jueves, 23 de octubre de 2008

Cabezas parlantes

Una acalorada discusión vía mail sobre los “riesgos” de correr. Han provocado esta sentida entrada dedicada al deporte que más satisfacciones me ha dado: El atletismo de fondo.

Para los lectores de este blog es sabido que la que escribe ha dedicado el último año de su vida a un entrenamiento que tiene como objetivo completar una maratón. Y lo que hace unas horas desató mi ira fue artículo de lo más torpe y bobo acerca de lo peligroso que resulta correr (por supuesto que los autores de esta teoría son unos gringos “white trash” y seguramente obesos) solo porque a alguién se lo ocurrio “googlear” la frase: Lo negativo de correr.

Cómo no quiero polemizar un argumento tan pobre, me enfocaré a dejar claras tres valiosas aportaciones de esta histórica disciplina deportiva, que además de barata (no necesitas ni los tenis, los kenianos y jamaiquinos corren con lo que pueden, aun así ganan) práctica (se puede hacer casi en cualquier lugar) y entretenida (con el iPod y un chip, puedes checar tus avances en velocidad y resistencia con el plus de que al mismo tiempo escuchas música)

Por ahí alguien me dijo que correr era aburrido y sin sentido (respetable) Lo que me lleva a considerar que correr hace que estés demasiado tiempo contigo mismo y si no te caes bien debe ser una pesadilla. Los que corren son felices no solo por las endorfinas, sino por que te vuelves consciente de que eres poseedor de uno de los mecanismos más complejos y funcionales que existen. No hablo del culto al cuerpo, sencillamente apelo a la consideración que debemos tenerle al organismo. Si uno se deteriora física o mentalmente la armonía se pierde.

He corrido en varias pistas y zonas de la ciudad. Aun no me ha tocado ningún caso de muerte súbita o incapacidad de por vida por hacer deporte (se que hay casos donde la genética o la impudencia juegan un papel fatal) claro que no hay que hacerlo a loco y combinado con dietas que dependan del ciclo lunar. Mucho menos sin un entrenador o plan de preparación.

Tengo 42,195 razones para seguir corriendo y la neta son tan mias, que no me da la gana explicarlas. No he tenido la intención “convertir” a nadie al atletismo. Las campañas negativas y sin argumentos siempre me han molestado.

Las cabezas parlantes gritaron este coro:

Psycho Killer
Qu'est-ce que c'est?
fa fa fa fa fa fa fa fa far better
Run run run run run away

miércoles, 22 de octubre de 2008

1, 2, 3...CATORCE

Hay momentos en la historia de la humanidad en los que no se avanza ni se retrocede. Desgraciadamente este es uno de esos periodos. Acuerdos simulados para un aparente rescate del petroleo, spots donde los rostros “más conocidos” de la telebasura apelan a la fuerza de la familia mexicana para salir de este ¿bachesito? económico. Es muy triste que la mayoría de la gente se la pase tranquilizando su conciencia en lugar de hacer algo.

Pero todo se preguntan: ¿Yo qué putas puedo hacer?
Igual si hago algo no cambia nada. A toda acción corresponde una reacción (El Gran Colisionador de Hadrones, el mayor acelerador de partículas del mundo está en marcha)

Pero creo que es peor no hacer nada y de todos modos no pasa nada.

La tierra se sacude cada vez que puede, las instituciones del Estado se desmoronan, el valor de nuestro dinero va a la baja. Parece un cuento de Raymond Carver, un pasaje del realismo sucio, personajes comunes frente a un entorno que los agobia y amenaza. Lo único que hay que hacer es no tener miedo.

Comparto un poema de Carver, sobre ese estado de inquitud por el que todos hemos pasado.

MIEDO

Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte. Ya dije eso.

Mientra leía uno de los cuentos de Catedral y en contraste con la infinita tristeza del relato. Hello, Hello de U2 retumbó en mi iPod.